La mayor parte de los bienes de equipo, componentes industriales y electrónicos que se emplean en la industria mundial son chinos. Vivir sin ellos es casi imposible y mucho más caro
Día festivo en Madrid y extrañamente todos los comercios se encuentran cerrados. Digo “extrañamente” porque Madrid no descansa y parece que los comercios siempre estén abiertos. Sin embargo, el primer día del año se nota la resaca y las calles están vacías. Ando por el barrio buscando dónde puedo encontrar unas pilas y ¡oh sorpresa! encuentro un establecimiento abierto. Sus propietarios, de origen chino, me indican en voz muy alta que no llega a suplantar enteramente mi dificultad de comprensión, que las pilas están en el tercer pasillo del fondo. Cuando uno de ellos me cobra, no retira la mirada de la pantalla de su móvil que emite un programa de alguna televisión china. De regreso a mi casa pienso en el libro titulado ‘Observar el arroz crecer’, cuyo autor, Julio Ceballos, da las claves para entender ese gigante poderoso que acabará liderando el mundo. Un libro de obligada lectura para aquellos que les interese el meteórico desarrollo de un país con un presente y un futuro impresionantes. Somos unos grandes desconocedores de la cultura y la idiosincrasia china. En España relacionamos a su gente con aquellos que tienen comercios de todo a cien, con personas que venden artículos de mala calidad a precios muy económicos; sin embargo, en el libro de Ceballos descubrimos una China con una capacidad de trabajo y un potencial abrumador. ¿Saben cuántos billonarios hay en China? Setenta millones, tantos como habitantes tiene Alemania.
Hace unos días leí que una familia norteamericana había hecho el ejercicio de intentar vivir durante un año sin consumir ningún producto hecho en China. Al parecer la experiencia fue agotadora, incómoda y cara. La mayor parte de los bienes de equipo, componentes industriales y electrónicos que se emplean en la industria mundial son chinos. Vivir sin ellos es casi imposible y mucho más caro. Aunque nos sorprenda, China fabrica con las cotas de calidad más exigentes. Ya no es el país que fabrica baratijas; ahora es líder en telecomunicaciones, en robótica y en IA.
La tienda del chino del barrio no representa la realidad de la china de hoy en día, pero sí que nos da una idea de la capacidad de trabajo y sacrificio que poseen. Cuando todo está cerrado, hay un establecimiento regentado por ciudadanos de origen chino con las pilas puestas.