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La mediocridad de un político con responsabilidades a su cargo salta a relucir en situaciones como esta, en que la capacidad de decisión y reacción es fundamental para evitar una catástrofe. La reacción del rey Felipe VI tras los ataques a él y la reina Letizia durante su visita a Valencia: estos son los planes de la Casa Real. Voluntarios en Barcelona para ayudar a los afectados por la DANA: así puedes apuntarte
Rabia, desolación, impotencia y mucho dolor. Eso es lo que se vive estos días en Valencia después de esa mierda llamada DANA, nombre que llevo tiempo detestando, y que ha destruido, con devastadora voracidad, calles, puentes, y lo que es peor, la vida de muchas personas. Durante estos días, supongo que como muchos de ustedes, me he mantenido pegado al televisor viendo el sufrimiento de tantas personas que lo han perdido todo. Del ‘shock’ por lo ocurrido pasamos a la indignación y la incredulidad de ver la ineficacia de quienes supuestamente recaía la responsabilidad de alertar del peligro que se cernía sobre esa zona. Ineficacia para alertar y nula capacidad de reacción cuando el desastre ya era una realidad. La mediocridad de un político con responsabilidades a su cargo salta a relucir en situaciones como esta, en que la capacidad de decisión y reacción es fundamental para evitar una catástrofe. Ni el presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo han hecho bien. Uno por no pedir y el otro por no dar. No es de extrañar que, ante el fracaso de las administraciones, la gente reaccionara de forma tan agresiva cuando se fueron a fotografiar por Paiporta.
En situaciones como la que se está viviendo ahora, el ser humano muestra su doble cara: la cara buena, representada por el emocionante ‘ejército’ de voluntarios, armados con escobas y cubos, que se unieron inmediatamente para ayudar a los damnificados, o la movilización de los bancos de alimentos, y la otra cara, la representada por los miserables que aprovecharon para saquear comercios y robar lo poco que quedaba en las casas. Es repugnante ver cómo las ratas salen de inmediato para aprovecharse sin empatía alguna de la desgracia ajena. También surgieron creadores de falsas noticias, que difundieron cifras de muertos que no se corresponden con la realidad, gentuza a la que le interesa sembrar más pánico y emponzoñar la situación con el fin de obtener beneficio propio.