Es necesario resetear emociones, dejar por unos días la frustración constante por tanto dolor y tanta injusticia que hay en tantísimos sitios
ace unos días, estando con un grupo de personas, se me ocurrió comentar que durante mi período vacacional procuraría no ver ni oír ni leer nada de lo que ocurre en el mundo, y que especialmente rehuiría las malas noticias, que por lo general suelen ser las que cada día ocupan la mayor parte de noticiarios y periódicos. Durante el resto del año soy un habitual lector de periódicos y espectador de telenoticias, pues deseo estar al día de lo que ocurre, aunque casi siempre suele ser fatídico para mi estado de ánimo. Pero este verano, por primera vez en muchísimo tiempo, he decidido no informarme de lo que pase durante mis días de asueto. Algunos de los allí presentes se sumaron a la iniciativa; a otros, sin embargo, no les pareció bien porque, según dijeron, era dar la espalda a una realidad que nunca hay que ignorar.
Veamos: el hecho de desconectar por higiene mental no conlleva la voluntad de ignorar. Se hace, simplemente, al menos en mi caso, por una necesidad de resetear emociones, dejar por unos días la frustración constante por tanto dolor y tanta injusticia que hay en tantísimos sitios. “A veces, me siento culpable por estar viviendo despreocupadamente, mientras en otros lugares a la gente le falta de todo, y yo disfrutando de que las cosas me vayan bien”, me decía una de las personas del grupo. Es un sentimiento normal, que muchos hemos tenido más de una vez, como también hemos visto a personas mejores que nosotros que se implican en cuestiones humanitarias en las que no participamos.
No hemos de sentirnos mal cuando las cosas nos van bien. La humanidad es egoísta y violenta, es avariciosa y egocéntrica. Entre tanta gente egoísta y violenta hay gente buena, y eso son las personas. Lo que no debemos hacer es ignorar a quienes nos necesitan, y ayudar en lo posible a quienes tienen peor suerte que la nuestra. Pero para eso, de vez en cuando, hay que desconectar. O así lo creo yo.
Prueben cómo es la vida sin sentir que el mundo es una mierda, porque con tanta maldad que nos abruma nos merecemos un descanso que nos sirva para afrontar, a nuestro regreso, la realidad en la que vivimos.