Ya tengo suficiente, y llegado a mi edad, no quiero ser utilizado
Que no cuenten conmigo, ya lo siento, pero mi recorrido como votante desde que vi instaurar la democracia en España ha terminado. El sistema ya no me convence y quienes lo manejan menos. El escándalo de las supuestas comisiones ilícitas de algunos individuos del partido socialista que han tenido cargos importantes en el gobierno ha sido la gota que ha colmado el vaso para algunos ciudadanos como yo, que, convencidos de que votar era la mejor manera de sostener la democracia, nos borramos enfadados y decepcionados porque nos parece que ya está bien, que no queremos más engaños indistintamente del partido que representen. No me apetece ser la marioneta útil que cada cuatro años participa de ese eufemismo llamado “fiesta de la democracia”, para que después quienes son elegidos hagan lo que les dé la gana con mi voto. Ya basta de gobiernos cautivos de partidos perdedores que resultan ser los amos de quienes han ganado. Una paradoja contra la que el ciudadano frustrado nada puede hacer.
Y es que no ha habido un solo gobierno desde la democracia, sea del color que sea, al que no se le hayan descubierto casos de corrupción. Las segundas legislaturas de todos los presidentes hasta ahora han sido nefastas: tanto Felipe González, como Aznar, Zapatero, Rajoy y ahora Pedro Sánchez, se han visto salpicados por las vergonzantes corruptelas de sus hombres de confianza o la suya propia.
Los ciudadanos vivimos en un momento político repugnante en el que nos han contagiado de la polarización que llevan a unos y otros al cansino “y tú más”. Escucharles me provoca náuseas, porque lo que realmente queremos los votantes es que se entiendan, que transmitan control y tranquilidad mientras buscan las mejores soluciones a los problemas del país y no que se destruyan, simplemente, porque las propuestas provienen del contrario.
Ya tengo suficiente, y llegado a mi edad, no quiero ser utilizado cada cuatro años para validar el puesto de algunos que lo único que les preocupa es mantenerse en el lugar en el que les hemos puesto entre todos.