Ya no quedan Oscar Tusquets

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No puedo evitar sentir una sana envidia por alguien que representa uno de los últimos artistas multidisciplinarios que quedan

Oscar Tusquets expone en la Fundació Vila Casas de Barcelona una antológica de su pintura figurativa que tanto defiende ante los ataques que recibe un estilo del que, como él mismo dice, le divierte. El día que se inauguró la exposición yo tenía función justo a la misma hora. Mi oficio me permite llevar una vida bastante relajada si me comparo con la de otras personas con oficios mucho más exigentes; sin embargo, tengo el inconveniente de que estoy trabajando casi siempre que se celebra, se inaugura, se juega o se presenta algo. Es una de las privaciones que conlleva dedicarse al entretenimiento.

El día antes de esta exposición, Oscar y su mujer, la escritora Eva Blanch, ofrecieron en su coqueta casa de Barcelona una comida informal a todos aquellos prestadores de su pintura, propietarios pintados o no, que cedíamos para la exposición uno o más cuadros. Allí estaba un grupo de gente que se esparcía por la terraza y el magnífico jardín. Gente culta que se sentaba en círculo mientras, plato en mano, hablaba, como fue en mi caso, de series más que de pintura. Fue un agradable prólogo de la inauguración del día siguiente que, me consta, fue un éxito absoluto.

Cuando leo en el programa de la Fundació la definición que se hace de Oscar Tusquets, no puedo evitar sentir una sana envidia por alguien que representa uno de los últimos artistas multidisciplinarios que quedan. La especialización a la que nos lleva la sociedad de hoy constituye un impedimento para que alguien pueda expresarse, como es el caso de Tusquets, en ámbitos como la escritura, la arquitectura, la pintura y el diseño. En cada uno de ellos Oscar es muy bueno. Leer un libro suyo es gozar aprendiendo y divirtiéndote a la vez. Su pintura posee una personalidad inconfundible. Es figurativa y moderna. Su arquitectura me parece bella y respetuosa (pienso en el magnífico auditorio de Las Palmas) y como diseñador tiene una espléndida producción de sillas, entre otros muchos objetos de menaje e iluminación.

Merece la pena visitar la exposición de la Fundació Vila Casas para deleitarse en su conjunto de una obra pictórica, que difícilmente se volverá a ver.

Y para acabar una confesión: en Oscar tengo un amigo al que admirar, y que por el hecho de serlo, muchas veces, de manera injusta, se me olvida.