Una Barcelona demasiado normativa

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Hay que ser prudentes a la hora de prohibir, pero también valientes a la hora de conceder ciertas iniciativas

Hace poco conversaba con alguien acerca de las excesivas normas que nos imponen en esta ciudad a cada una de las iniciativas que uno quiere desarrollar. Alquilar un local, me decía un amigo que pretende reunir a grupos de artistas de todo el mundo, supone la obligación de colocar tal cantidad de elementos de seguridad que encarecen la iniciativa hasta el punto de tenerse que replantear su viabilidad. Tengo la impresión de que en Barcelona para cualquier iniciativa existen más normas y regulaciones que en otras ciudades de España.

Estoy de acuerdo en que se debe reglamentar y controlar la seguridad de ciertos espacios públicos, y es lógico que no se deje la seguridad de las personas al criterio del impulsor de la idea. Pero entre regular y prohibir debería haber un margen de flexibilidad para según qué casos. Quienes se dedican a regular quieren curarse tanto en salud que muchas veces ponen la venda antes que la herida. La cobardía, el miedo de quienes ostentan la responsabilidad pública es tal que cortan iniciativas “por lo que pueda pasar”. En Barcelona, por ejemplo, existe una norma por la cual dos teatros no pueden estar a menos de 200 metros de distancia. ¿Por qué? Por las posibles aglomeraciones, dicen, a la hora de entrar y salir de un espectáculo. Sencillamente, es una norma ridícula. Sé de una empresaria teatral de Barcelona que se ha visto imposibilitada de recuperar un buen teatro para la ciudad por esta ridícula disposición. Si en Broadway, el West End de Londres o la Gran Vía de Madrid se hubiesen regido por esta normativa, no tendrían ahora esos emblemáticos bulevares llenos de teatros con espectaculares luminosos en sus fachadas, luminosos que por cierto, aquí también están prohibidos.

Hay que ser prudentes a la hora de prohibir, pero también valientes a la hora de conceder ciertas iniciativas, cuya realización en muchas ocasiones quedará coartada por la normativa legal.

Demos margen a la gente emprendedora. Hagamos posible hacer cosas, iniciativas que a día de hoy sucumben ante tanto impedimento legal. De la osadía salen muchas veces las iniciativas más maravillosas. No lo condicionemos con tanta normativa. 

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