Lo que menos me gusta de Sant Jordi

Carles Sans - El Periodico - Man selling books

Al final, ese día es una especie de incómodo termómetro de popularidad para el escritor y su libro

¡Qué espejismo tan bello es la Diada de Sant Jordi para las editoriales y las librerías de Catalunya! Dos millones de libros en un solo día es una cifra tan sumamente espectacular que confirma ese día como el de la gran fiesta mundial del libro y que viene a demostrar que la lectura sigue viva, a pesar de las predicciones de que los libros electrónicos o las tabletas acabarían con la lectura sobre papel.

Sant Jordi es un día excitante para todos, para los lectores, para los enamorados, para los amantes de las tradiciones guapas como esta, para las floristerías, para los vendedores furtivos de rosas y, naturalmente para los escritores que tienen “la suerte” de firmar ese día.

Sin embargo, Sant Jordi tiene algo de competición que nunca me ha gustado. Me sobra la lista de libros más vendidos que todo el mundo espera al final del día. Para los autores supone cierta competencia exponerse públicamente a la petición de firma, los unos sentados al lado de los otros y a la espera de ser reconocidos. He vivido colas interminables de peticiones para un autor que justo le han sentado al lado de otro que apenas si le prestan atención. Al final, ese día es una especie de incómodo termómetro de popularidad para el escritor y su libro. He visto escritores anónimos firmando muy poco al lado de quienes provocan colas kilométricas, dada su popularidad.

No digo que no esté bien saber qué libros han tenido el mayor número de ventas, pero me parece que es mirar solo la punta del iceberg en un ámbito, el de la cultura, que no debería de tener el éxito de ventas como representación máxima de éxito.

Miren. En Catalunya se editan anualmente alrededor de 40.000 títulos, lo que equivale a 100 libros diarios, ¡solo en Catalunya! Eso significa que cada semana 100 autores publican y anhelan tener un cierto número de ventas con su libro que, a lo mejor, lleva escribiendo desde hace años. A ver, parto de la base de que cualquier escritor que edita un libro lo hace con la idea de que cuantos más lectores tenga, mejor. Pues bien, anualmente, miles se sentirán decepcionados por la escasa repercusión de su trabajo. En la Diada, unos cuantos afortunados disfrutaron de firmar en las paradas, y de ellos, solo cinco o seis salieron en los principales medios por haber sido los superventas del día. Eso es lo que menos me gusta.