Gracias a su capacidad de tejer alianzas y sumar talentos, el publicista convertía una idea que podía parecer aislada en un proyecto tangible e innovador
El próximo día 26 de noviembre se inaugurará en el Espai Ha.aH de la calle de Sant Pere més Alt de Barcelona una exposición homenaje a Pepo Sol, una figura ineludible si pensamos en la Barcelona creativa de los años ochenta y noventa. Pepo Sol fue publicista de profesión pero sobre todo fue un promotor de ideas excepcional para la Barcelona de su tiempo. Hay personas que poseen la inusual virtud de promover ideas, impulsar iniciativas y reunir voluntades en torno a un propósito común. No se trata solo de carisma, aunque suele acompañarlas; es, sobre todo, una mezcla de visión, sensibilidad y determinación. Son individuos que ven posibilidades donde otros solo perciben obstáculos, y que con paciencia y convicción logran contagiar su entusiasmo. Pepo fue una de ellas. Gracias a su capacidad de tejer alianzas y sumar talentos, Pepo convertía una idea que podía parecer aislada en un proyecto tangible e innovador.
Yo tuve la suerte de conocerlo y tratarlo, tanto en el ámbito profesional como personal, en los comienzos de los años noventa, tiempos en los que junto a sus socios Quique y Toni Camín se dedicó a la producción ejecutiva de múltiples proyectos publicitarios, y uno, el más grande de todos, la producción de la organización de las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de aquella Barcelona efervescente de 1992. Gracias a la aguda visión de Pepo en formar un equipo creativo espectacular nacieron aquellas inolvidables ceremonias que fueron reiteradamente imitadas en las sucesivas ediciones de los Juegos.