El año que viene ni de coña

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Estoy disfrutando del ambiente prenavideño que se basa principalmente en gastar, gastar y gastar. Supongo que impulsado por el márketing que lo llena todo compro cosas y también me alimento por encima de mis posibilidades

La Navidad son sin duda las fiestas más universales. Se celebran en casi todo el mundo si exceptuamos a los “raritos” de Corea del Norte, las naciones musulmanas, Somalia y los chinos, que van a su bola siempre que no haya negocio de por medio pues entonces se apuntan de inmediato. De hecho, algunas guirnaldas, bolas de colores o papeles de regalo los compro en un chino regentado por un matrimonio muy solícito que habla fatal el castellano y que se comunica a gritos con la clientela.

A mí, depende del año, me gustan estas fiestas o no. Este año toca que sí. Estoy disfrutando del ambiente prenavideño que se basa principalmente en gastar, gastar y gastar. Supongo que impulsado por el márketing que lo llena todo compro cosas y también me alimento por encima de mis posibilidades. Este año comienzo las fiestas en alerta roja porque mi cintura marca un preocupante michelín cuyo origen se remonta a las vacaciones de verano.

En estos días las comidas familiares en casa son lo más complicado. Organizarlas bien requiere de un sacrificio de esos que una vez se han ido todos y queda ese silencio de cuando ya no hay nadie, te dices: “el año que viene, ni de coña…” Luego, al año siguiente, vuelves a hacerlo porque a pesar de los inconvenientes, te compensa. 

Por lo general, la comida de Navidad en Catalunya la protagoniza la escudella con galets, una pasta que, no sabemos por qué, no se come el resto del año. Después de los postres repletos de azucarados turrones, siempre siento una culpa incontenible por haber consumido más de lo que debía. Por otra parte, me ocurre un fenómeno muy curioso: siempre comienzo esas comidas con entusiasmo, participo muy animado de las conversaciones iniciales y, curiosamente, con el paso de las horas, las acabo como ausente, ajeno al griterío creciente.

Del mismo modo que dicen que lo mejor de un buen partido de tenis es la ducha de después, digo que lo mejor de estas fechas llega cuando han terminado.

¡Felices fiestas a todos!